Tuesday, August 15, 2006

CARLOS JACANAMIJOY: Generosidad de espritu.

Perfil

Texto que acompañó la primera exposición individual en el caribe colombiano de Carlos Jacanamijoy, uno de los artistas colombiano más reconocidos en el mundo.


Aùn cuando sus coloridas emociones no dejaban de perseguirme me estrellè con su mirada, una mirada negra, plana, plena en su presencia pero escasa en revelaciòn. Una mirada espejo, esa que refleja a quien la mira para no delatar a quien la posee, unos ojos que màs que entregar respuestas, acrecientan las preguntas de quien como yo busca el camino hacia el prisma que entrega los colores que aùn me obnubilan: la paleta espiritual de Carlos Jacanamijoy.

Su presencia, una sugerencia tan discreta y suave, como contundente es la de su obra, esas telas vivas, que nos llaman, nos atraen, introducièndonos en un diàlogo solo comparable a la magia, a aquellas sensaciones de èxtasis inexplicable que nos llevan del placer hacia un encuentro con lo màs vivo de la propia esencia humana.

Jacanamijoy, un nombre sinònimo de èxito en el mercado nacional e internacional del arte, una presencia deseada en lo más alto de los cìrculos sociales del paìs, una firma que engalana encumbradas colecciones, un mito que circunda las conversaciones plàsticas en un espacio donde la banalidad y la espiritualidad se dan una guerra sin cuartel. Condiciones que no se pueden desconocer al acercarse a este trabajo, pero que se debe despreciar al acercarse al artista.

Carlos Jacanamijoy es de una u otra forma la fuente de esa experiencia espiritual que son sus pinturas, por encima de las apreciaciones plásticas versadas y de los estimativos comerciales, que en su carrera alocada de halagos han olvidado lo más importante: la plenitud de un espritu que se nos entrega, la profundidad de un portal que se nos abre, la sensibilidad de un hombre en generosidad plena que refleja la memoria de su pueblo, el fulgor de sus paisajes, disponiendo su cuerpo al servicio de un oficio que alegra el espritu del más desprevenido, incluso de aquel que ha llegado con la deliciosa inocencia de la primera vez ante eso que nos habita por igual y que explica la universalidad de la pintura de este artista.

Trascender su presencia fsica -la del creador-, es un asunto que resulta difcil, sobre todo cuando nos dejamos embrujar por la reputación que lo circunda, llenándonos de ese loco afán de conocer lo que hay detrás de esa imagen que se nos presenta tan antónima a la obra que lo ocupa.

Ver al artista en lo cotidiano y a su obra es enfrentarse a una antonimia confusa sin aparente salida, un inexplicable que nos deja atónitos, llenos de preguntas, gracias a esa inalienable condición occidental de querer una explicación, un motivo, un orígen para todo, sobre todo de aquello que al parecer no ha sido investigado, descubierto, eso a lo nadie a podido acercarse: el espritu de Carlos Jacanamijoy.

Imaginar los niveles de sensibilidad, más aún el alma de alguien que es capaz de entregar al mundo obras de estas características, es un asunto que le aviva a cualquiera el interés y las expectativas. En mi caso personal, más allá del mito hacia un hombre de condición ambivalente que se debate día con día entre su origen ancestral y la vertiginosidad de una vida Newyorkina. Un contraste que pensándolo bien llega a explicar su presencia simple y a la vez antónima, pues quiz es la nica forma de proteger un alma tan sensible de los estragos del comercio, la fama y el status que ahogan su nombre, su firma, en un contexto donde la sensibilidad podra naufragar.

Formado por la academia como artista plástico, su gesto no ha perdido la frescura del boceto, libre y pleno se despliega en los soportes, como aquel ave que cautiva en una realidad de metal abre sus alas en la intimidad de cielos conocidos, esos que lo protegen y a la vez lo proyectan a los matices de su prolífica paleta.

Pionero acadèmico de su comunidad, embajador de sus costumbres y rituales; Jacanamijoy es un ser tan enigmàtico como lo es para la mayora de los aficionados a la plàstica, un depósito de los secretos de su pueblo, un enigma amable que anestesia nuestra curiosidad con una sonrisa y apacigua la ansiedad con un gesto, hacièndonos entender que su alma se nos entregò antes que su corporalidad màs allà incluso de si mismo en un acto de generosidad difìcil, esa que nos regala su espritu en esa maravilla que son sus obras, trabajos que renuevan la idea de arte y avivan el espìritu.

Por:

MARIA DEL PILAR RODROGUEZ
Bogot, Julio 31 de 2006

LOS GRITOS EN SILENCIO DE UMBERTO GIANGRANDI

Perfil

Un perfil viceral de la primera autoridad del grabado en Colombia.


El silencio, esa ausencia de sonidos que nos deja a solas con nosotros mismos. Con las ideas, los pensamientos, los recuerdos, los fantasmas de nuestro ser; una experiencia que poco nos agrada afrontar al común de los seres humanos.

Huyendo del callado latir de nuestra mente, libre en la ausencia de distractores externos, cada día buscamos una nueva razón para hacer ruido y ahogarnos en la sinfonía destemplada que a veces resulta ser la cotidianidad.

El silencio, visto a los ojos de la meditación consciente y a la luz de las palabras de una amiga cercana, es el ejercicio de quedarse en una quietud mental profunda que más allá de hundirnos en el mare mágnum de nuestros pensamientos, nos hace navegar en las perfectas aguas de nuestra esencia: el amor. Una experiencia que a través de su proceso creativo vive UMBERTO GIANGRANDI; un ser que hoy hace una retrospectiva de la vida, con la franqueza del que se siente dueño de aquello que lo exalta y lo motiva: El propio amor.

A la primera mirada una pose de sabiduría nos detiene, nos cohíbe, nos distancia, más tarde una voz seductora nos atrae, nos cautiva, nos deleita; para que en cualquier momento su mirada plateada nos asalte para imponernos el peso de su razón, de sus ideas y su condición, no solo de artista, si no fundamentalmente de un ser humano que conoce más de uno de los secretos que guarda con recelo la vida.

Extranjero en Colombia, aún conserva el tono de la visión externa de lo que aquí pasa, es a veces como si pudiera ver desde sus raíces los frutos de nuestros árboles, sin temor a tomarlos, a sentir su sabor.

Precursor y aún hoy autoridad del grabado en Colombia, es un artista plástico cuya reputación le antecede, aunque insista en querer un bajo perfil: “La voz ya se le escuchó a Alejandro Obregón”. Sin embargo, su altivez, su caminar, sus habilidades de buen conversador nos dicen otra cosa… No se trata de ser una codorniz cualquiera, se trata de un águila que solo despliega sus alas cuando la altura lo merece.

Hablarle, incluso acompañarle en una actividad cotidiana, es una experiencia que lo aleja del mamotreto de referencias que se llevan a cuestas cuando se toca a su puerta, porque en un par de minutos, en dos gestos -cual boceto- se dibuja como quiera, sobre todo ante una aficionada como yo.

“Los artistas somos seres humanos” -señaló su voz-, aunque en su trabajo ya lo había gritado, desde atrás, mucho atrás. Su obra siempre nos entrega una mirada humana, no humanista, si no humana; la de un hombre que se atreve cada día a quedarse en silencio para enfrentar sus propios fantasmas, dándose a si mismo una batalla descarnada con sus alegrías y sus sin sabores, con sus éxtasis y decepciones, pero ante todo con sus pasiones y sus amores.

Trazos rápidos que me recuerdan a veces a Guayasamín, a veces a Picasso, carmines exacerbados en grabados fulgurantes, blancos y negros sentimentales, mixtas políticas de fuego, pinceladas silvestres… Seductoras, eróticas, una conquista a mi femme condición.

Fuerte, con líneas de concepción y pensamiento finamente delineadas, no se ha rendido a los encantos de la imitación y el culto, que bien podía lacerar al hombre que en sus talleres de grabado más artistas ha conocido y asesorado en Colombia.

Nuevamente en silencio, con el par de cristales miel atentos al mundo, se enfrenta a su soledad de nuevo… Para lanzar el grito que nos atrae los sentidos a su trabajo, el trabajo humano de un artista llamado UMBERTO GIANGRANDI.

Por:

MARÍA DEL PILAR RODRÍGUEZ

Bogotá, Julio 9 de 2006