Perfil
Texto que acompañó la primera exposición individual en el caribe colombiano de Carlos Jacanamijoy, uno de los artistas colombiano más reconocidos en el mundo.
Aùn cuando sus coloridas emociones no dejaban de perseguirme me estrellè con su mirada, una mirada negra, plana, plena en su presencia pero escasa en revelaciòn. Una mirada espejo, esa que refleja a quien la mira para no delatar a quien la posee, unos ojos que màs que entregar respuestas, acrecientan las preguntas de quien como yo busca el camino hacia el prisma que entrega los colores que aùn me obnubilan: la paleta espiritual de Carlos Jacanamijoy.
Su presencia, una sugerencia tan discreta y suave, como contundente es la de su obra, esas telas vivas, que nos llaman, nos atraen, introducièndonos en un diàlogo solo comparable a la magia, a aquellas sensaciones de èxtasis inexplicable que nos llevan del placer hacia un encuentro con lo màs vivo de la propia esencia humana.
Jacanamijoy, un nombre sinònimo de èxito en el mercado nacional e internacional del arte, una presencia deseada en lo más alto de los cìrculos sociales del paìs, una firma que engalana encumbradas colecciones, un mito que circunda las conversaciones plàsticas en un espacio donde la banalidad y la espiritualidad se dan una guerra sin cuartel. Condiciones que no se pueden desconocer al acercarse a este trabajo, pero que se debe despreciar al acercarse al artista.
Carlos Jacanamijoy es de una u otra forma la fuente de esa experiencia espiritual que son sus pinturas, por encima de las apreciaciones plásticas versadas y de los estimativos comerciales, que en su carrera alocada de halagos han olvidado lo más importante: la plenitud de un espritu que se nos entrega, la profundidad de un portal que se nos abre, la sensibilidad de un hombre en generosidad plena que refleja la memoria de su pueblo, el fulgor de sus paisajes, disponiendo su cuerpo al servicio de un oficio que alegra el espritu del más desprevenido, incluso de aquel que ha llegado con la deliciosa inocencia de la primera vez ante eso que nos habita por igual y que explica la universalidad de la pintura de este artista.
Trascender su presencia fsica -la del creador-, es un asunto que resulta difcil, sobre todo cuando nos dejamos embrujar por la reputación que lo circunda, llenándonos de ese loco afán de conocer lo que hay detrás de esa imagen que se nos presenta tan antónima a la obra que lo ocupa.
Ver al artista en lo cotidiano y a su obra es enfrentarse a una antonimia confusa sin aparente salida, un inexplicable que nos deja atónitos, llenos de preguntas, gracias a esa inalienable condición occidental de querer una explicación, un motivo, un orígen para todo, sobre todo de aquello que al parecer no ha sido investigado, descubierto, eso a lo nadie a podido acercarse: el espritu de Carlos Jacanamijoy.
Imaginar los niveles de sensibilidad, más aún el alma de alguien que es capaz de entregar al mundo obras de estas características, es un asunto que le aviva a cualquiera el interés y las expectativas. En mi caso personal, más allá del mito hacia un hombre de condición ambivalente que se debate día con día entre su origen ancestral y la vertiginosidad de una vida Newyorkina. Un contraste que pensándolo bien llega a explicar su presencia simple y a la vez antónima, pues quiz es la nica forma de proteger un alma tan sensible de los estragos del comercio, la fama y el status que ahogan su nombre, su firma, en un contexto donde la sensibilidad podra naufragar.
Formado por la academia como artista plástico, su gesto no ha perdido la frescura del boceto, libre y pleno se despliega en los soportes, como aquel ave que cautiva en una realidad de metal abre sus alas en la intimidad de cielos conocidos, esos que lo protegen y a la vez lo proyectan a los matices de su prolífica paleta.
Pionero acadèmico de su comunidad, embajador de sus costumbres y rituales; Jacanamijoy es un ser tan enigmàtico como lo es para la mayora de los aficionados a la plàstica, un depósito de los secretos de su pueblo, un enigma amable que anestesia nuestra curiosidad con una sonrisa y apacigua la ansiedad con un gesto, hacièndonos entender que su alma se nos entregò antes que su corporalidad màs allà incluso de si mismo en un acto de generosidad difìcil, esa que nos regala su espritu en esa maravilla que son sus obras, trabajos que renuevan la idea de arte y avivan el espìritu.
Por:
MARIA DEL PILAR RODROGUEZ
Bogot, Julio 31 de 2006
Tuesday, August 15, 2006
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