“... lo amé mucho ... lo sigo amando... me hace falta... espero que cuando nos encontremos podamos hacer una gran fiesta de disfraces ... prometo ponerme el gorrito de Maria Mulata que me regaló... lo prometo... lo usé el día que partió ... lo usaré el día del encuentro”;
Claudia Fadul
(presidenta de la sociedad de mejoras públicas de Cartagena, una sincelejana de nacimiento, que bien se ha ganado el título de Cartagenera por convicción)
Un contonear de caderas casi musical, bambolea los linos almidonados de la gran señora, sus cabellos perfectamente peinados se resisten a la inclemencia de la brisa. Un par de palomas atestiguan a la distancia su paso presuntuoso, yo me escondo, entre la mirada y los barrotes; en el que bien pudo ser el refugio del artista, en el lugar en donde su espíritu deambula a gusto y con propiedad, el museo de arte moderno de Cartagena.
La Plaza San Pedro Claver, vista desde las entrañas del templo profano, atiborrado de especies plásticas y muros salitrosos.... ¡Qué mejor refugio para espiar a una Cartagenera!....
Cartagenera, mujer altiva por naturaleza y dominante por convicción, irónicamente señora de su señor... De mirada alta y cuello erguido; una fabulosa mezcla entre mulata de palenque y blanca de inquisición; invencible como la primera y barroca como la segunda, fusión indescriptible y embriagante con quizá un solo perfecto reproductor: ENRIQUE GRAU.
Entender, conocer, dejarse envolver hasta las entrañas por la mística de una especie femenina tan particular, es un riesgo que solo podía correr un ser pasional, enamorado de su oficio y de su tierra. Un hombre que tras décadas de ser amado por ellas –sus mujeres-; pudiera robarles un poco de su magia, adivinarles los secretos y arrancarles la intención, para atraparlos en un papel, una tela, un lienzo; expulsando desde sus entrañas -cual deidad- para y por ellas: su creación.
Italia, Bogotá, Incluso New York, le dieron al talento de Grau el mérito del buen oficio, pero Cartagena y de ella, especialmente sus mujeres, le entregaron la magia exquisita que llama a sus cuadros con una delicia coqueta, con el carácter del buen anfitrión, en el que se convierte una buena obra de arte al desplegar su halo mágico en un salón, expulsando como rocío de rosas –en éste caso- su intención a veces abierta y a veces oculta, pero siempre perentoria de cautivar la atención.
Y es que no son pocos los desprevenidos espectadores que han obligado a su cuello a virar hacia e techo del Teatro Heredia Adolfo Mejìa, apelados por las sensuales musas que les guiñen desde su elevada posición, desafiantes y hasta engreídas, como la mujer que representan, esa que es dueña de si misma, que parece atraparlo todo de un tajo, con la suavidad de una sirena y el misterio de una Maria Mulata, mujeres que tienen vida propia solo en dos lugares: la amurallada y la obra de Enrique Grau.
Impetuosa, emprendedora, dura y apasionada en sus juicios, coqueta y barroca en su andar, perfectamente perfumada entre miles de atavíos; el contonear de sus caderas es un maraqueo intenso que se disuelve solo con su hablar, ese vozarrón mulato intimidante, que arrulla niños y manda servidumbre con soltura igual. Pareciere arrancada de las historias de la colonia para seguir gobernando esta ciudad, donde el tiempo parece a veces haberse detenido, para que el espíritu de la gran matrona Cartagenera, con sus maneras de señora criolla, de la orden de servir la merienda a sus amigas, en la tarde de canasta, a las 5 en punto de los jueves, en el patio bajo el palo de mango, con la mantelería bordada y la platería de la abuela.
Ver una de las muchas mujeres en la obra de GRAU, -Rita por ejemplo-, sin haber pisado Cartagena; es abrir la puerta hacia la embriagues en manos de un espíritu impetuoso.. hasta mágico. Es espiar esas miradas altivas e incluso intimidarse ante sus cuellos casi siempre estirados, envueltos en esos entornos teatrales –reflejo de la marcada vocación hacia la escenografía por parte del artista-, que las convierte de pronto en exquisitas actrices de la eterna fiesta Graujiana; donde las protagonistas barrocamente amulatadas, nos muestran las manos masculinas de su creador como invitándonos a su mundo, ese planeta intrigante y fascinador.
Del otro lado, observar una obra femenina de Grau desde Cartagena, es estrellarse con el alma desnuda de sus femes, es enfrentar de un tajo toda la plena naturaleza de la mujer de ésta tierra; la madre, la luchadora, amiga, enemiga y amante, que pisa ese suelo con el poderío innato de llamarse a si misma: ¡Cartagenera!.
Es así, en éste sentido, como se puede hacer una apología entre la obra femenina de Grau y el estilo Garcìamarquiano, bien denominado “realismo mágico”; pues es realismo en la medida que mediante estas obras podemos acceder al contexto –real- que les dio origen, -en éste caso Cartagena-, y mágico porque fuera de ésta tierra envuelven, enajenan en una energía tan exquisita que solo puede ser comparada con la magia. Es entonces cuando descubrimos el mérito inmenso de éste artista: Acopiar el oficio y el talento suficiente para clonar en imagen ésta mujer existente, e impregnarla con una mezcla del espíritu que le es propio al artista y a su musa, superando en ocasiones la presencia misma de su modelo que es una esencia y un estilo: La Cartagenera Real.
Estas líneas se convierten de pronto en una invitación, en una apelación a conocer a sus modelos, las deliciosas mujeres de sus soportes... Esas adoradoras, fieles custodias de las disposiciones y obra del maestro, hoy indispensables para conocer al artista. Seguramente éstas páginas podrían llenarse de muchos nombres, pero quizá solo dos son rotundamente obligatorios: Evelia Porto de Mejìa, matrona Cartagenera por excelencia, retrato graujiano mil veces repetido, una de las más cercanas amigas del artista, líder del proyecto denominado Museo Grau. Yolanda Pupo de Mogollón, directora del Museo de Arte Moderno de Cartagena,-fundado por el pintor-, una mujer que entre éstas paredes resguarda exquisitos ejemplares de su obra y tal vez los más vivos reflejos de su espíritu. Mujeres que gozan y se halagan al verse en los trazos de Enrique Grau como en un espejo, mujeres que reflejan una masa anónima de muchos nombres, que quizá tienen uno solo propiamente suyo, ese que grita Grau desde su estado actual, ese grito que lo hace inmortal, ese que las llama y las atrapa, ese nombre que llevaran con orgullo hasta el sepulcro: CARTAGENERA.
Por
MAPYROSA
Tuesday, October 11, 2005
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1 comment:
HOLA, soy Roberto, he publicado mi Blogg erotixx.blogspot.com.
deseo saber sobre la posibilidad de enlazar los bloggs escritos en castellano, sabes como? yo no , pero intuyo la posibilidad, esto nos permitiriacrear una cadena idiomatica ,lo propongo sin ninguna distincion.
si te interesa mi propuesta postea mi blogg(se dira asi?)o enviame un mail a elddvoto.gmail.com
Atte. Rober
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