Revelaciones no autorizadas de la mirada de un artista a sus mujeres.
Tras varios años de mirar, estudiar y admirar la obra del maestro Camilo Calderón, regresé al amplio taller con la expectativa de la novedad prendida en los ojos, con la intención clara de robarme los secretos de su nueva obra y me estrellé con aquello que con cara de secreto hoy se abre en su más reciente trabajo: su devoción por lo femenino, eso que el mismo cataloga como “SUS SOSPECHAS FEMENINAS”.
Luego de varias décadas de trabajo como artista plástico, tras introducirnos en las profundidades del mar, el juego de los vientos y la realidad inexplorada de nuestros territorios, Calderón nos habla hoy de la pintura con una tranquilidad casi meditativa, ese quehacer mitificado por el común de las personas que el define y simplifica en una frase: “la pintura, es un oficio que comunica”, una frase que nos abre la puerta a dos mundos: por un lado el de sus obras que hoy se nos enfrentan con ganas de brincar la pared para llevarnos a su mundo y del otro su espíritu didáctico que lo lleva a la disertación explicativa por la que muchos lo conocen en Cartagena de Indias.
Dos caras de un mismo artista, un mismo ser humano, que de pronto rompe la pasividad y se transforma, como lo hace frente a un soporte en blanco, llenándose de una energía descomunal, que se niega a llamar pasión, pero que es lo que más se asemeja a ello, en un segundo la mirada se le abre y las palabras le fluyen en desmande hablando del tema que ahora lo ocupa: lo Femenino, ese tema que envuelto en un taller de psicoanálisis le ha cautivado la atención en mirada supuestamente científica, que es claramente viseral como todo aquel sentimiento, ó pre-sentimiento –como el lo llama-, que se debe a la vida, a la propia historia... como el mismo lo dice “el arte es solo la memoria interpretativa de un instante, de una vivencia” .
¿Cuáles son entonces las vivencias que se esconden en las sospechas femeninas de Camilo Calderón?, esa es una respuesta que queda abierta para que ante la obra cada espectador la responda, es una pregunta que el artista deja abierta dándole la libertad a cada lector de convertirse en su cocreador, para que la obra llegue a consolidarse realmente, pues... “si el artista no logra convertir a la gente en una cocreadora, la obra sencillamente NO EXISTE”. Una aseveración contundente y de severidad impetuosa con su propia creación.
Y es en ese instante cuando se ve uno cautivado frente al lienzo de 1.50 X 1.50, guiado por la gestualidad desgarrante, las formas claramente femeninas, tratando de dilucidar el trasfondo de cada centímetro, para terminar convencido que más allá de la simple observación, de la resolución del interrogante personal, en ese medio de comunicación que finalmente es el arte, se reflejan sentimientos universales, más allá de la vivencia personal hacia eso que de alguna manera compartimos, eso que nos era tan natural reconocer cuando niños, en ese instante en el cual no habíamos perdido la capacidad de sorpresa, esa capacidad que Calderón trata de renovar cada día, en su quehacer, en su forma de vida.
Gestos que se muestran violentos, como si en el proceso, la tela el soporte de la obra hubiese sido fustigada sin compasión, variedad de intervenciones que dejan la marca inequívoca del artista, esta vez nuevamente exacerbado en formas y matices viscerales que después de una larga temporada en los territorios meditativos y tranquilos de la obra inmediatamente anterior, arremete contra nuestras pupilas, con telas furiosas que cobran vida en los sentidos y exigen sin ataduras una mirada atenta.
Esta obra nos recobra a la vista el Camilo Calderón de Mutilados, Atrapa truenos, Nocturnos, obras que mostraban en desmande todo un raudal de sentimientos que invitaban a sensaciones tan diversas como el miedo, la pasión y el desprecio, obras que sin necesidad de largas observaciones removían la presencia del lector, una característica que a partir de territorialidad, pasando por los bordes del viento y llegando al trabajo de Isla de León, parecía transfigurado para invitar a la meditación, a la observación tranquila y silenciosa que requiere de un tiempo para digerirse.
De esta manera Calderón cuenta un secreto a voces, desnuda su mirada hacia sus féminas, diserta sobre sus curvas e intriga sobre sus pensamientos y ansiedades, camina y se adentra en ese mundo que parece embriagarlo, donde finalmente solo tiene una verdadera guía: SUS SOSPECHAS FEMENINAS.
Por:
MAPYROSA
Tuesday, October 11, 2005
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